jueves, 28 de julio de 2016

Historias Contadas por los abuelos....


Las Siete Calles



En el pequeño espacio que queda frente al mercado que la malicia pueblera ha dado en llamar "mercadito de oro", convergen tres calles: Una, la Suárez de Figueroa, que va de naciente a poniente; otra, la denominada Vallegrande, que se dirige de norte a sud, y la tercera, Isabel la Católica, que corta a ambas en sentido diagonal, de noreste a sudoeste. Apreciadas las tres en sus entradas y salidas, desde el espacio de frente al "mercadito", el viandante ve, pues, seis calles. A pesar de ser sólo seis, todo el mundo conoce este lugar y el barrio circundante con el nombre de "Siete Calles".

Aquí va el origen de la denominación.

Desde los tiempos del rey hasta bien entrada la república, eran siete, bien contadas. La séptima arrancaba precisamente de donde es hoy el "mercadito de oro" e iba hacia el sudoeste, casi paralelamente a la prolongación de Isabel la Católica. Pero un buen día de esos, hace ya un siglo, el propietario de los terrenos situados a uno y otro lado de la séptima tomó la heroica decisión de cerrar la calle, o más bien dicho callejón, que no era más por entonces, para consolidar su propiedad y hacer que ésta, en vez de dos, partidas a lo sesgo, fuera solamente una e indivisible. Se trataba de un señor con bastante dinero en los bolsillos, muchas vinculaciones en la sociedad cruceña de la época y muy bien ubicado en la política, como que era nada menos que gobiernista de los más decididos.

Sabida la noticia de que aquel señor había cerrado la calle en su provecho, sin importarle una pitajaya ni un guapomó los derechos y necesidades del vecindario, el presidente municipal -no había por entonces alcalde- se vio obligado a tomar las medidas del caso. Pero como era también gobiernista y muy amigo del cerrador de calles, vio por conveniente no hacer las cosas en persona. Mandó a su intendente que fuera al lugar, observara lo hecho y finalmente resolviera lo que correspondía en justicia.

Dizque el tal intendente era hombre de poca sal en la mollera y, a más de eso, timorato y siempre dispuesto a dar la razón a quien gritase más fuerte. Llegó al sitio del estropicio y como para cerciorarse legalmente de lo ocurrido, para luego dar fe pública, empezó a contar solemnemente, llevando el índice en dirección de cada una de las calles: Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... Nada más que seis.

Llegó en eso el propietario, y con la ironía por delante y la firme decisión por detrás, espetó al intendente:

-Seis no más, ¿no...? Tuve un maestro de escuela, allá en La Enconada, que me enseñó, entre otras cosas, la siguiente: Que las cinco vocales son cuatro: a, e, i, o. No u porque ésta es de los cucus y los sumurucucus... Te paso la lección a vos: Las siete calles son seis. Contálas bien y andaíte a tu despacho. Y no volvás a meterte en camisa de once varas.

Dizque el intendente volvió con la lección aprendida, a más no poder. Y la pasó a su vez al pueblo, como quien le enseña una verdad incontrastable: Las Siete Calles no son más que seis...

Bibliografía:
Tradiciones, Leyendas y Casos de Santa Cruz de la Sierra.
Hernando Sanabria Fernández.
Grupo Editorial La Hoguera.
Décima Quinta Edición - 2008.
 
Dibujo: Orlando Iraipi Bajarano - 2003

Fundación de Santa Cruz de la Sierra

FUNDACIÓN DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA


En 1556, el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, recibió la noticia de la existencia de una zona sin colonizar, al otro lado de las llanuras, al sudoeste de los Charcas y dentro de su jurisdicción. Con la intensión de poblar estas tierras encarga una expedición al capitán don Andrés Manso Sierra de Leguízamo, quien había estado anteriormente en Potosí y Charcas.
Hizo su entrada este conquistador por la denominada ruta de Tomina con el propósito de poblar toda la región comprendida entre los ríos Paraguay, Pilcomayo y Bermejo. Fundo entre el Parapeti o condorillo, una población con el nombre de Nueva Rioja, en un tolderio de chiriguanos.
Siguiendo sus conquistas se encontró con gente de Chávez, que estaba dispersa por esas regiones después de la Fundación de Santa Cruz.  Grande fue la sorpresa de los dos capitanes y hubo una larga disputa entre ellos legítima.  Manso se quedó en las tierras disputadas, mientras Chávez partía para Lima acompañado por Hernando Salazar y por Andrés de Cañizares como representante de Manso.
Llegado Chávez a Lima, se cocontró con que el virrey era pariente de su mujer.  Gracias a este parentesco, el capitán obtuvo para sí los favores que solicitó.  El virrey nombró gobernador de Moxos a su hijo García Hurtado de Mendoza, que también llegaría a ser virrey del Perú, iba como su lugarteniente Ñuflo de Chávez.
Está situación histórica llevó al historiador Humberto Vázquez Machicado a decir: El Collasuyo incaico y la gobernación de Ñuflo de Chavez, vienen a soldarse en ese año de 1560 y formar un solo bloque alrededor del núcleo central de Potosí , Charcas, para formar una sola conciencia de formar la que llegaría a ser la República de Bolivia.
En julio de 1560 Chávez, después d e haber reforzado sus tropas, regreso a la Barranca; allí dejo una fuerza de custodia continuando su expedición a cincuenta leguas al este de La Barranca Chávez fundo la ciudad de Santa Cruz de la Sierra el 26 de febrero de 1561 y el 20 de abril del siguiente año se hizo el repartimiento de naturales.

Imágenes de como fue la creación de Santa cruz

SANTA CRUZ DE ANTAÑO
La bella santa cruz en sus años de progreso, hermosa tal cual como es ahora.







martes, 26 de julio de 2016

HISTORIAS CONTADAS POR LOS ABUELOS...

EL MOJON CON CARA


Hasta mediados del siglo XVIII la calle hoy denominada Republiquetas era de las más apartadas y menos concurridas de vecindario que había en esta ciudad. Las viviendas edificadas sobre ambas aceras no seguían una tras de otra sino con la breve separación de solares vacíos separados de la vía pública por cercos de cuguchi o follaje de lavaplatos.
Hacia la primera cuadra y con frente a la acera norte de dicha calle, vivía por aquella época una moza en la flor de la edad, bonita, graciosa y llena de todos los atractivos. Su madre la mimaba y cuidaba más que a la niña de sus ojos, reservándola en mente para quien la mereciera por el lado de los bienes de fortuna, la buena posición y la edad del sereno juicio.
Pero sucedió que la niña puso los ojos y luego el corazón en un mozo que, aparte la buena estampa y los desenvueltos ademanes, nada más tenía a la vista. Cuando la celosa mamá se hubo dado cuenta de que el fulano rondaba a su joya viviente, redobló la vigilancia sobre ésta, a extremos de no dejarla salir un paso. Pero el galán resultó tan enamorado como paciente y tan firme como tenaz en conseguir el logro de sus ansiedades amorosas. Desde por la mañana hasta por la noche, ahí se estaba en la esquina, plantado y enhiesto, a la espera de que la amada asomase al corredor o siquiera a la puerta, para cambiar con ella algún tiroteo de miradas o recibir la dulce rociada de una sonrisa.
Por aquellos felices tiempos del rey había en todas las esquinas recios troncos de cuchi, a ras de las aceras, para proteger las casas de los encontrones de un carretón o servir de señal para la línea de lo edificado. Se les daba corrientemente el nombre de mojones.
La mamá de la chica, oscilando entre el celo y el recelo, apenas veía allí al quidam, despachaba su malhumor con esta frase:
-¡Ya está ahí ese mojón con cara!.
Ignorando del mote con que la presunta suegra quería burlarse de su constancia y firmeza, el enamorado, en sus largas esperas, dio en la práctica de distraerse con el mojón, mudo compañero de sus expectativas. Con el filoso trasao que llevaba al cinto, como todos los galanes de su tiempo y condición, empezó a labrar el duro palo, con miras a darle en la parte superior la forma de una cabeza humana. Como disponía de sobrado tiempo, hizo en ello cuanto pudo.
Una madrugada de ésas, advirtió la mamá, con el natural sobresalto, que la niña había desaparecido de la casa. Creyendo hallarla en palique con el aborrecido, corrió a la esquina. Pero la mimosa no estaba allí, ni en la otra, ni en las demás esquinas, ni en parte alguna de la ciudad. Paloma con ansias de volar, había alzado el vuelo con el palomo, la noche anterior.
Pero quedaba en la esquina el mojón con la cara que la paciente mano del galán había tallado en sus horas de amante espera.
Junto con la tradición, el verdadero “mojón con cara” se conservó en la esquina de Republiquetas y René Moreno, hasta el año 1947. Un tractor de Obras Públicas que raspaba la calle, lo arrancó y arrojó en donde nadie pudo saber más de él. Para reponerlo el alcalde municipal de ese entonces, don Lorgio Serrate, mandó labrar y colocar uno parecido. Es el que hoy se levanta allí, y que Dios le guarde de Obras Públicas y de modernistas y vanguardistas.
Bibliografía
Tradiciones, Leyendas y Casos de Santa Cruz de la Sierra.
Hernando Sanabria Fernández.
Grupo Editorial La Hoguera.
Décima Quinta Edición – 2008.
Imagen:
“El mojón con cara” de SAFIPRO

HISTORIAS CONTADAS POR ABUELOS...

El Jichi


Para explicar lo que es el jichi conviene ante todo tomar el sendero que conduce a los tiempos de hace ñaupas y entrar en la cuenta, para este caso parcial, de cómo vivían los antepasados de la estirpe terrícola, antiguos pobladores de la llanura. Gente de parvos menesteres y no mayores alcances, la comarca que les servía de morada no les era muy generosa, ni les brindaba fácilmente todos los bienes necesarios para su subsistencia.
Para hablar del principal de los elementos de vida, el agua no abundaba en la región. En la estación seca se reducía y se presentaban días en que era dificultoso conseguirla. Así en los campos de Grigotá, en la sierra de Chiquitos y en las dilatadas vegas circundantes de ésta.
De ahí que aquellos primitivos aborígenes pusieron delicada atención en conservarla, considerándola como un don de los poderes divinos, y hayan supuesto la existencia de un ser sobrenatural encargado de su guarda. Este ser era el jichi.
Es mito compartido por mojos, chanés y chiquitos que este genius aquae paisano vivía más que todo en los depósitos naturales del líquido elemento. Para tenerle satisfecho y bien aquerenciado había que rendirle culto y tributarle ciertas ofrendas.
Los españoles del reciente aposentamiento en la tierra recogieron la versión y consintieron en el mito, con poco o ningún reparo. Con mayor razón sus descendientes los criollos, tan consustanciados con la tierra madre como los propios aborígenes, y máxime si tienen en las venas algunas gotas de la sangre de éstos.
Como todo ser mítico zoomorfo, el jichi no pertenece a ninguna de las clases y especies conocidas de animales terrestres o acuáticos. Medio culebra y medio saurio, según sostienen los que se precian de entendidos, tiene el cuerpo delgado y oblongo y chato, de apariencia gomosa y color hialino que le hace confundirse con las aguas en cuyo seno mora. Tiene una larga, estrecha y flexible cola que ayuda los ágiles movimientos y cortas y regordetas extremidades terminadas en uñas unidas por membranas.
Como vive en el fondo de lagunas, charcos y madrejones, es muy rara la vez que se deja ver, y eso muy rápidamente y sólo desde que baja el crepúsculo.
No hay que hacer mal uso de las aguas, ni gastarlas en demasía, porque el jichi se resiente y puede desaparecer. Item más: No se debe arrancar las plantas acuáticas que crecen en su morada, de tarope para arriba, ni apartar los granículos de pochi que cubren su superficie. Cuando esto se ha hecho, pese a las prohibiciones tradicionales, el líquido empieza a mermar, y no para hasta agotarse. Ello significa que el jichi se ha marchado.
Bibliografía
Tradiciones, Leyendas y Casos de Santa Cruz de la Sierra.
Hernando Sanabria Fernández.
Grupo Editorial La Hoguera.
Décima Quinta Edición – 2008.

lunes, 25 de julio de 2016

Levantamiento en Santa Cruz – 24 de septiembre de 1810

Levantamiento en Santa Cruz – 24 de septiembre de 1810



Ya sea por casualidad o porque así estaba planeado, a fines de 1809 llega a Santa Cruz de la Sierra, el hijo del subdelegado, don Antonio Vicente Seoane y Robledo, graduado de abogado en Charcas, quien venía con las ideas de la independencia ya que, había sido testigo de la levantada del 25 de mayo en Charcas y quien además era parte del grupo secreto doctores de Charcas. Aquí se produce un drama entre padre e hijo, el padre que servía al rey de España y el hijo que se declaraba contrario a tal servicio y que además venía dispuesto a luchar para que se acabe el servilismo al monarca. El anciano y cansado cuerpo del Coronel Seoane descanso en paz el día 1 de abril de 1810, por lo que no puedo ser testigo de lo que haría el hijo a los pocos meses. gral-antonio-suarez-de-arteagaA los tres días de la muerte del coronel Seoane, el 4 de abril es posesionado en el cargo de subdelegado el asesor jurídico de la subdelegacía, don Pedro José Toledo Pimentel oriundo de Salta, hoy ciudad de la República Argentina, quien jura ante el Cabildo de la ciudad que tenia por alcalde a don Francisco Xavier de Cuellar y por regidores a don José Joaquín Aponte, Francisco Saucedo y José Vicente Arias. Este nuevo subdelegado, graduado de abogado en la Universidad de San Francisco Xavier de Charcas el año de 1780, tendría que vivir los años de iniciativas independentistas en la región americana. En Agosto de 1810, algunas personalidades fueron al pueblo, llego otro abogado de Charcas don Juan Manuel Lemoine, le siguió, a los pocos días, un capitán del ejército argentino el Capitán Eustaquio Moldes, posteriormente Don Melchor Guzmán Quitón, llegado de Cochabamba, quienes serian los principales actores y gestores de la revuelta independentista cruceña. Las “casuales” llegadas a Santa Cruz de la Sierra de Seoane, Lemoine y Moldes alarmaron a los consejeros del subdelegado Toledo Pimentel, quienes le comunicaron sus inquietudes al subdelegado pero este no quiso prestar atención a las advertencia de sus consejeros, aunque luego, ante la duda, mando venir a los jefes militares de las guarniciones leales a la corona como eran el Comandante José Miguel Becerra de la guarnición de Cordillera, Capitán Antonio Landivar de la guarnición de Chiquitos y el capitán Velasco de las milicias de la capital cruceña para que le juren lealtad a la corona, lo que hicieron estos: Mientras tanto Seoane, quien ya llevaba casi un año en el pueblo, había difundido sus ideas de la independencia y ganado algunos adeptos entre ellos algunos sacerdotes que durante la homilía dominical pregonaban la debilidad de la corona española en el viejo mundo y de los deseos de independencia de las colonias. El 24 de septiembre de 1810, se festejaba la fiesta de “Nuestra Señora de las Mercedes” y casi todo el pueblo se hallaba en la plaza principal, lo que fue aprovechado por el joven abogado Seoane quien, junto al cura Don José Andrés Salvatierra Chávez, el coronel Antonio Suarez de Arteaga, segundo comandante de las milicias de Cordillera, el capitán argentino Eustaquio Moldes y otros adeptos, toman la casa de gobierno y convocan a los que se encontraban en la plaza a un improvisado Cabildo. En dicho cabildo, el pueblo precede a desconocer la autoridad de don Pedro José Toledo Pimentel y en ese momento, se comienza a escribir una nueva historia en los territorios de la llanura, que fuera hija predilecta de su fundador Ñuflo de Chaves, que exigía libertad. El cabildo Abierto conforma una Junta Gubernamental compuesta por: el coronel Antonio Suarez como gobernador, Antonio Vicente Seoane y el sacerdote José Andrés Salvatierra Chaves y quienes, llevan las riendas de la nueva ciudad liberada del yugo español. El movimiento fue secundado por don Francisco Javier de Cuellar, alcalde de la ciudad y los miembros del Cabildo José Joaquín Aponte, Francisco Javier Saucedo y José Vicente Arias. Una de sus primeras determinaciones fue la de liberar a los esclavos negros que se encontraban en las panaderías y en las fabricas de adobe (ladrillo sin coser) del barrio del TAO, ubicado en las cercanías del actual “Avión Pirata” y el enviar una tropa a Cordillera con ordenes de capturar al Cnel. Becerra, pero este ya se encontraba muy lejos del lugar, rumbo a Cochabamba. Luego, a las pocas semanas, el comandante Eustaquio Moldes se marcha al Alto Peru con una significativa tropa cruceña y el Dr. Juan Manuel Lemoine asumia el cargo de Gobernador de Chiquitos, con la misión de organizar milicias en dicho territorio, mientras que el Dr. De Charcas, Seoane se hacia del cargo de Presidente de la Junta Gubernativa, dejando de lado al Cnel. Antonio Suarez (N. Gandarilla). Texto tomado del libro: Santa Cruz y el Proceso Independentista Hispanoamericano – 2010 de Bismark A. Cuéllar Chávez Imágenes de: www.bicentenariosantacruz.com

DATOS HISTORICOS

La historia del Escudo Cruceño

El escudo cruceño fue otorgado a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra por el rey de España don Felipe IV, mediante Cédula Real expedida en Madrid el 7 de noviembre de 1636, convirtiéndose en el más antiguo de nuestros símbolos. El pliego fedatario que titula a la ciudad de “Muy Noble y muy Leal”, junto al diseño heráldico de sus armas fue entregado en la Villa de Madrid a don Juan Pizarro, quien se desempeñaba como Procurador General de nuestra ciudad ante la corte española. Correspondió recibirla en Santa Cruz de la Sierra al gobernador don Cristóbal de Sandoval y Rojas, caballero de la orden de Santiago y consanguíneo principal del Duque de Lerma, probablemente en febrero de 1638. En aquel tiempo era Alcalde de la ciudad don Diego López de Roca.

El escudo cruceño no fue conocido por varias generaciones y el emblema no gozó de mayor reproducción debido a que la bandera hispana tuvo mayor uso en las “entradas” de conquista y contiendas militares, siendo donGabriel René Moreno quien reivindicó nuestro escudo de Armas en el año 1899.
El año 1970 se observó la aparición de un escudo totalmente distorsionado, que probablemente tiene origen en las imprentas de la región andina de Bolivia, pues de allá provienen las primeras láminas que se encontraron. El año 1986 la prensa registra que la Unión Juvenil Cruceñista denunció a tres personas, venidas de la ciudad de La Paz, quienes se dieron a la tarea de vender muchos ejemplares de un “falso escudo cruceño” impreso en cartulina. Este mismo escudo falso se le vio también impreso en varios textos escolares, afiches y láminas educativas, es más, muchas de las banderas cruceñas que hoy se venden en las calles de nuestra ciudad llevan este emblema distorsionado, al igual que innumerables placas recordatorias y logotipos institucionales.
El 12 de enero de 1985 el IV Congreso Cívico de la Cruceñidad, reunido en Roboré, aprobó la Resolución de adoptar el escudo cruceño como símbolo departamental. El promotor de esta noble iniciativa fue el dirigente cívico provincial Luis Mayser Ardaya. En virtud a ello, el prefecto del departamento y jefe del gobierno departamental Lic. Freddy Landivar Arauz, dictó el Decreto Prefectural No. 11/85 mediante el cual se aprueba “Adoptar el escudo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra como símbolo y emblema de todo el departamento que lleva el mismo nombre de ésta”.
Escudo Verdadero:
Para identificar al escudo verdadero, se deberá observar que las palmeras nacen por detrás de la Cruz y asientan en el prado. En el escudo falso, las palmeras nacen encima del brazo izquierdo de la Cruz Potenzada.
Significado de los elementos del escudo cruceño:
La corona ducal otorga a la ciudad un elevado rango, además le asigna un status de ciudad Real y cabeza de gobernación; la cruz potenzada, símbolo de los Caballeros Templarios, que significa los cuatro puntos cardinales del planeta, además de ser el símbolo de la religión católica que profesa la región; las dos cruces más pequeñas entrelazadas simbolizan la fusión entre Santa Cruz de la Sierra y San Lorenzo el Real; las palmeras y el árbol ventrudo, “toborochi”, describe la flora nativa de los campos cruceños. El castillo representa la solidez, fortaleza y unón de los cruceños, y el león, representa la fuerza y la ferocidad con que el cruceño defiende sus principios, convicciones y autodeterminación.
Fuente: Pequeña Enciclopedia Histórica de Santa Cruz de Bismark A. Cuéllar Chávez